Genius or Madness?

We can all agree that education is one of the most powerful development tools available to peoples and nations.

Nor is it a secret that not all educational systems share the same purpose.

In its origins, the Paideia or the Academy, born in the Greece of the great philosophers, aimed to shape human beings equipped not only with knowledge but also with conscience.

Unfortunately, Western education in the modern era pursued far less noble goals. Many claim that Von Bismarck, one of the driving forces behind the Prussian school model, sought to produce manipulable citizens — perfectly suited for war and factories.

Unlike the Greek Paideia, the Prussian school sought to limit critical thinking and individuality, establishing educational distinctions in which only the elites could access higher education, as they were destined to lead the masses.

Later, different schools of thought emerged dedicated to the new science of Pedagogy. And it is evident that each country chose the model it could afford or the one it considered most aligned with its objectives.

For some reason, society at large decided that academic results should be measured through metrics such as those published by the PISA tests.

Many countries fiercely compete for the top spots in that ranking, using different methods — and producing different results that we might call collateral effects.

Asian countries lead the PISA rankings, and the level of academic demands placed on students tends to take a heavy toll.

From an early age, children face pressure from parents and teachers to achieve excellence. In some countries, study hours are exhausting, reaching up to 16 hours a day between school and private after-school academies.

While they achieve top positions in global assessments, the level of stress they endure, combined with high family expectations, causes serious mental health problems.

Sadly, these same countries also top the rankings for high rates of suicide and depression among young people.

On the other hand, we have the case of Finland, which — in contrast to Asian countries — prioritizes the well-being, happiness, and mental and emotional health of its students.

They focus on comprehensive education, giving students the choice between a general baccalaureate to access university or vocational training to acquire a trade.

Despite being diametrically opposed to Asian educational systems, Finland is by no means an underperformer on the world stage, consistently ranking within the global top 15.

It is worth noting that the Nordic welfare system relieves pressure on its citizens, as they do not need high academic achievement to enjoy a good quality of life.

Ultimately, when we put into perspective the quality of life outcomes for school-age and university-age populations, we can conclude that the price paid for academic excellence is often very high.

What is the point of having the best performance in international assessments if you also have the highest rates of suicide, stress, and depression?

¿Genio o Locura?

Todos podemos coincidir en que la educación es una de las herramientas de desarrollo más potente que tienen los pueblos.

Tampoco es un secreto que no todos los sistemas educativos tienen la misma finalidad.

En sus orígenes, la Paidea o la Academia, nacidas en la Grecia de los grandes filósofos, tenían como objetivo la formación de seres humanos dotados de conocimientos pero también de conciencia.

Lamentablemente la educación occidental de la época moderna, tenía finalidades menos nobles. Muchos afirman que Von Bismarck, uno de los inspiradores de la escuela prusiana, lo que quería era formar ciudadanos manipulables, perfectos para la guerra y las fábricas.

La escuela prusiana a diferencia de la Paidea griega, buscaba limitar el pensamiento crítico y la individualidad, estableciendo diferencias educativas, en la que sólo las élites podía obtener una educación superior ya que estaban destinados a dirigir a las masas.

Posteriormente nacieron diferentes escuelas de pensamiento dedicadas a la nueva ciencia de la Pedagogía. Y resulta evidente que cada país eligió la que podía permitirse o la que consideraba más alineada a sus objetivos.

Por alguna razón, la sociedad en general decidió que los resultados académicos debían medirse en métricas como las que publica las pruebas Pisa.

Muchos países disputan ferozmente los primeros lugares de ese ranking, con distintos métodos, y distintos resultados que podríamos denominar efectos colaterales.

Los países asiáticos son los que encabezan el ranking de las pruebas Pisa, y el nivel de exigencia académica que sufren los estudiantes suele pasar factura.

Los niños desde temprana edad sufren la presión de sus padres y maestros para lograr la excelencia. En algunos países las jornadas de estudio son extenuantes, alcanzando hasta 16 horas diarias, entre escuela y academias privadas después de clases.

Si bien logran los primeros lugares de las pruebas a nivel mundial, el nivel de estrés al que están sometidos, sumados a las altas expectativas familiares, ocasionan graves problemas a nivel de salud mental.

Tristemente también encabezan el ranking de países con altas tasas de suicidio y depresión entre la población joven.

Por otro lado tenemos el caso Finlandés, en el que al contrario que los países asiáticos, priorizan el bienestar, la felicidad, la salud mental y emocional de los estudiantes.

Se enfocan en una educación integral, dando a elegir a los estudiantes la opción de seguir un bachillerato general para acceder a la universidad o una formación vocacional para adquirir un oficio.

A pesar de ser diametralmente opuesto a los sistemas educativos asiáticos, no por eso Finlandia tiene un peor desempeño educativo a nivel mundial, ocupando puestos entre el top 15.

Por supuesto vale la pena destacar que el sistema del bienestar de los países nórdicos quita presión a sus ciudadanos, ya que no necesitan tener altos rendimientos académicos para tener un buen nivel de vida.

Al final poniendo en perspectiva los resultados en la calidad de vida de la población en edad escolar y universitaria, podemos concluir que el precio pagado para obtener la excelencia académica suele ser muy elevado.

¿De qué sirve tener el mejor rendimiento en pruebas internacionales si también se tiene los números más altos de suicidios, estrés y depresión?


Original language: Spanish | Translation: Claude AI | Image generation: Meta AI




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